jueves, 29 de diciembre de 2016

Guía del perito psicólogo I: Introducción

La presente pretende ser una breve introducción al mundo de la psicología forense y de las periciales psicológicas, para que aquellos profesionales o estudiantes que en un futuro se planteen dedicarse a ello, conozcan de antemano las bases y fundamentos que rigen esta área de trabajo.

Al contrario que las psicoterapias o la psicología clínica, la psicología forense es una disciplina bastante desconocida para el público en general y sobre la que existe mucha confusión. Mucha gente al escuchar la palabra forense, la relaciona inmediatamente con las investigaciones policiales en casos de fallecimientos y sobre todo en aquellos en que se sospecha que se ha cometido un asesinato. Es por esto que el término psicólogo forense suele desconcertar a los profanos.

En realidad la palabra forense es usada como sinónimo de jurídico o judicial. Por eso un médico forense, de quien por culpa de las numerosas series televisivas de temática policial podríamos pensar que su labor está únicamente relacionada con fallecidos, ostenta en realidad otras funciones, como evaluar los daños físicos tras un accidente de tráfico o determinando lo que puede tardar en recobrar su salud una víctima. Igualmente, un psicólogo forense puede ser requerido para ejercer varias funciones, siendo la más común la de realizar informes periciales.

Un perito es alguien con pericia demostrada, siendo pericia sinónimo de saber o habilidad, en cierto tema. Existen peritos para casi cualquier área de conocimiento, aunque algunos son más comunes que otros. Así podemos encontrar peritos arquitectos, médicos, de arte o antigüedades, etc.



Así pues la psicología forense es la especialización profesional del psicólogo en el ámbito jurídico, en el que usará sus conocimientos científicos acerca de la mente y el comportamiento humanos para ayudar en procesos judiciales de varios tipos. No obstante, ser psicólogo forense implica algo más que ser psicólogo y querer trabajar en este sector, pues se requiere una formación específica ya que, al fin y al cabo, las habilidades y herramientas necesarias son distintas a las usadas en terapia o clínica, así como lo son los objetivos perseguidos. En este ámbito normalmente no se busca ayudar a la persona a superar un problema psicológico, sino que queremos evaluarla para poder aconsejar al responsable y que este tome su decisión de la forma más acertada posible.


Esta solo ha sido una breve introducción, pero seguiré desengranando los entresijos de las periciales psicológicas en próximas entregas, que podréis consultar y descargar en la sección “Recursos” de este mismo blog.

sábado, 17 de diciembre de 2016

TDAH: Combatiendo la impulsividad

Cuando un niño o niña sufre Déficit de Atención con Hiperactividad o TDAH sufre diversos síntomas, que podemos clasificar en inatención, hiperactividad e impulsividad. Hoy nos centraremos en la impulsividad y cómo controlarla.

Un menor que sea inusualmente impulsivo puede manifestar esta característica de muchas formas. Por ejemplo, podría comportarse de forma poco apropiada, ponerse en peligro al realizar conductas arriesgadas sin pensar en las consecuencias, o bien podría agredir a sus compañeros ante la mínima provocación, por poner algunos ejemplos. La forma de expresar este síntoma dependerá de cada individuo y sus características personales y ambientales.

Uno de los comportamientos impulsivos más común es la rabieta o berrinche. Todos los niños pueden sentirse abrumados en algún momento por sus emociones y expresarlas de este modo, pero en el caso de aquellos que padecen TDAH pueden darse más frecuentemente, ya que en general les resulta más difícil postergar sus deseos y necesidades. Es de esperar que a medida que crezcan aprenderán a calmarse y expresar de una manera más adecuada sus emociones, pero hasta ese momento conviene tener claro que podemos hacer para ayudarles.

Además de dificultades para aplazar los deseos que ya hemos mencionado, hay que tener en cuenta que también se ven más afectados por la estimulación externa. De la misma forma que un sonido o movimiento les distrae más que a la mayoría, una gran cantidad de ruido les puede provocar mayor malestar que a los demás. Es por ello que pueden perder la compostura en situaciones que les causen ansiedad o miedo.

Así pues ¿qué hacer cuando nuestro hijo sufre un berrinche? Cierto es que se trata de una situación compleja, y podemos encontrar desde padres que consienten al niño para que deje de llorar a otros que se enfadan lo castigan. Aunque no hay una solución mágica que valga para todos los niños y niñas, sí existen algunas estrategias que vale la pena tener en cuenta:

Buscar el desencadenante

Si hay una cosa segura es que cada vez que un niño sufre una rabieta es que hay un motivo. Esto no quiere decir que ese motivo sea siempre lógico o razonable, pero debe existir un desencadenante aunque a veces no lo podamos identificar a primera vista. Encontrar este origen o fuente es siempre el primer paso para poder cambiar la conducta.

Lo primero que habremos de saber es si el niño tiene alguna necesidad aunque no la haya expresado, pues puede sufrir alguna sin siquiera llegar a ser consciente de ello. Quizás esté hambriento o cansado. Si este no es el caso, también es probable que sienta alguna emoción especialmente intensa por otro motivo. Una vez identificamos el origen, para lo cual a veces necesitaremos conocer realmente bien al menor, podremos intentar ponerle solución.

Además, de esta forma ampliaremos nuestro conocimiento respecto al niño en cuestión, y lógicamente, si aprendemos que ciertos ambientes o situaciones lo estimulan demasiado, de ahí en adelante ya sabemos que deberíamos evitarlos.

Dejar claras las consecuencias

Como norma general, conviene hablar con el niño acerca de las consecuencias negativas que se derivan de ciertos comportamientos como la rabieta. La idea no es amenazar, sino dejar claro que si se realiza la conducta, nos disgustaremos y sucederá alguna cosa, como puede ser que no le dejaremos ver la televisión, siendo la diferencia el tono que empleemos el cual ha de ser pausado y tranquilo. A este respecto, si aplicamos un castigo es mejor cuando este tiene relación con la conducta. Si la rabieta tiene su origen en que quería un videojuego nuevo pero por el motivo que sea no se lo vamos a comprar, podríamos dejarle claro que si insiste y tiene un berrinche no podrá jugar a la consola esa tarde.

Claro está, esta estrategia no va a funcionar siempre pero resulta muy interesante pues permite planificar lo que puede o no suceder y si somos consecuentes el niño aprende que conductas y cuales no toleramos y como le afectan cuando las realiza.

Distraerlo

Si un niño se ha disgustado mucho por algún motivo, y siempre y cuando ese motivo no tenga gran importancia realmente, podemos intentar distraerlo hablándole de un tema no relacionado, a ser posible de uno que le entusiasme. Este truco es especialmente útil cuando tratamos con niños y niñas pequeños.

Tiempo muerto

El tiempo muerto o Time Out es una técnica que suele ser empleado cuando todo lo demás falla. Se trata de una versión adaptada del clásico "a tu habitación". Mandaremos al menor a un lugar apartado, una sala de la que le indicaremos que puede salir cuando se calme. En esta habitación no debería tener acceso a elementos que le puedan entretener como juguetes o la televisión, ya que la idea es que se concentre en lo que siente e intente verdaderamente tranquilizarse. No obstante, sí es útil que allí tenga acceso a objetos que le ayuden en este propósito como puede ser un peluche o libro que sabemos que lo relaja.

Cuando usemos el tiempo muerto, cronometraremos el tiempo que el niño pasa en la habitación, el cual en general debe ser corto, pues recordemos que buscamos que se tranquilice, no castigarlo. Pasado un tiempo prudencial podemos comprobar como se encuentra y hablar el tema con calma, y desde luego jamás lo dejaremos encerrado o aislado.

Hablar

Nuestra mejor baza será siempre el diálogo. Es muy importante emplear un tono tranquilo y que no haga entender al niño que estamos enfadados o molestos. Buscamos con la conversación conocer sus sentimientos y si creemos que puede ser útil, que el niño entienda los nuestros. El entendimiento mutuo es vital en la resolución de conflictos.

Cuando sepamos lo que siente el menor, se lo haremos saber explícitamente: "Te has disgustado porque no te he comprado ese juguete y ahora estás triste ¿verdad?" Cuando no lo sepamos le animaremos a que nos lo cuente y luego dejaremos claro que entendemos cómo se siente, e iniciaremos una conversación respecto a la importancia de lo sucedido y por qué queremos entenderlo.



Es importante dejar claro en estas conversaciones que nuestro objetivo es que no se repita la situación, siendo esto normalmente un punto que tendremos en común con el niño, pues hay que tener en cuenta que las rabietas también son episodios desagradables para él.

Preparar la transición

A quienes padecen TDAH les cuesta más adaptarse a cambios de situación, por lo que puede darse la rabieta cuando toca marcharse de un lugar que les gusta o dejar de lado una actividad divertida para empezar otra que disfrutan menos como hacer los deberes o cenar.

Para hacer estos cambios más llevaderos son importantes los recordatorios. Me refiero a recordarle al niño que dentro de determinado espacio de tiempo tendrá que dejar lo que está haciendo y empezar la otra actividad: "Te quedan quince minutos de juego y luego toca hacer los deberes" o "En cinco minutos vamos a cenar". Como medida adicional podemos advertir de las consecuencias si no se cumple el horario programado, por ejemplo restar tiempo a la próxima sesión de juego.

Ignorarle

Ignorar al niño puede ser a veces lo más acertado, pero hay que saber cuando es esto lo más idóneo. Hay que tener en cuenta que el berrinche viene a ser un reclamo de atención, pues el menor busca que le hagamos caso. Si el principal motivo tras este comportamiento es que le prestemos esa atención aunque luego no aceptemos sus demandas, en realidad el niño ha conseguido lo que quería y estaremos reforzando este tipo de conductas.

Para evitar dicho refuerzo, le negaremos el "premio" en forma de atención y lo dejaremos estar. Lo más probable es que tarde o temprano se de cuenta de que no va a conseguir lo que buscaba y se tranquilice. Cuando los berrinches ocurran muy a menudo, esta estrategia nos será muy útil.

Felicitarle

Centrarse solo en lo negativo no nos lleva a ninguna parte, por lo que es muy importante que le hagamos entender al niño cuando está haciendo las cosas bien. No basta con asumir que si nos ven tranquilos y hablándoles amablemente sabrán que aprobamos su comportamiento, sino que hay que decírselo siempre que podamos y sea cierto, para que sepan que tienen nuestro apoyo y que no solo nos damos cuenta de sus faltas y errores, sino también de sus virtudes y logros.

Nunca usar castigos físicos

No está de más recordarlo. Los niños (y los adultos en realidad) responden mejor al refuerzo positivo que al castigo, esto es, aprendemos mejor con los premios que no con las consecuencias negativas. Aquí hablamos de premio no solo en un sentido material, sino también cuando aplaudimos sus logros como antes comentaba.

Aun así no siempre podemos evitar enfadarnos cuando el niño o niña se comporta mal. No son pocos los padres que agarrarán al pequeño y lo golpearán, pero esto solo agrava la situación, pues además de dañarlo lo alteraremos todavía más, y no solo a él pues también aumentaremos nuestra propia tensión.

Hay que reconocer que este tipo de castigo puede servir para detener el comportamiento, pero lo más probable es que solo se logre temporalmente y el problema vuelva con todavía más fuerza. Eso sí, el resultado más probable es que el comportamiento se intensifique y además se aprenden nuevos patrones negativos, pues le enseñamos al niño que en ciertas ocasiones la violencia está justificada. Por eso, recomiendo encarecidamente que si usamos castigos estos sean de otro tipo, como prohibirles acciones o retirarles objetos temporalmente.



En conclusión, no hay una panacea que sirva para acabar fácilmente con este tipo de comportamientos, pero aunque pueda parecer difícil, mantener la calma, entender el problema y tener claro que estrategias aplicar en cada momento, nos ayudará en esta tarea.

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Por qué y cómo son diferentes los adolescentes?


Cuando los niños crecen, antes de ser adultos han de ser adolescentes. Su actitud y conductas cambian, dejando de ser tan infantiles pero aún así no pensando igual que los adultos. Por ello puede ser un tanto complejo definir qué y cómo es ser adolescente, pero hay ciertas características muy comunes entre esta población y hoy hablaré de ellas. A continuación, veamos qué podemos esperar cuando tratamos con un hijo o alumno adolescente y cómo sacar el máximo provecho de ello.

Se arriesgan más

En el presente texto veremos como los adolescentes tienden en general a correr más riesgos, poseen menos autocontrol, duermen más horas, tienen más dificultades en su gestión emocional y se ven más afectados por la presión social. Hablemos primero de esta tendencia a arriesgarse más, característica que puede hacer que parezcan más impulsivos o menos inteligentes, aunque la realidad es mucho más compleja.

En diversos estudios se ha demostrado que cuando no se conocen las probabilidades de éxito los adolescentes son más proclives a arriesgarse que un adulto. Aquí lo importante no es solo esa conducta distinta sino también el motivo tras ella, la ambigüedad. Y es que este "valor adolescente", por llamarlo de alguna manera, no tiene que ver con falta de raciocinio, delirios de grandeza o dificultades para calcular las probabilidades, siendo el motivo de origen neurológico.

Hemos de tener en cuenta que los adolescentes no son adultos, e igual que su físico aún está en desarrollo, también lo está su sistema nervioso. El área prefrontal del córtex cerebral, en su caso, no ha alcanzado su máximo esplendor, y siendo esta zona del cerebro la que se ocupa de controlar nuestras conductas y reflexiones, es normal que su forma de tomar decisiones sea distinta a la de un adulto.

Aunque nuestro primer pensamiento sea lamentarnos ante esta forma de ser de los jóvenes y no veamos otra opción que esperar a que lleguen a la mayoría de edad, lo cierto es que debemos pensar que esta es una oportunidad única en sus vidas. Toda característica humana y también las que se dan en nuestro desarrollo tienen una razón evolutiva de ser y este patrón de pensamiento no podía ser la excepción. Una persona que toma riesgos aprende más rápido las consecuencias de cada uno de sus actos, las relaciones naturales entre elementos y la forma de funcionar del mundo.

Por tanto resulta muy interesante aprovechar esta circunstancia en el ámbito académico, dejándolos arriesgarse y tomar sus propias decisiones, animándoles a ello pues antes habremos hecho de la clase un entorno seguro para ello, de modo que en ella puedan asumir retos que los pongan a prueba y les hagan cuestionarse la materia de estudio. Se trata de fomentar su propia curiosidad dejando que exploren su entorno, un entorno que previamente hemos delimitado para que no corra ningún riesgo su integridad física ni moral.

Sobre esto último, hay que tener en cuenta que uno de los mayores lastres en el progreso individual y social es el miedo al fracaso, pues supone la pérdida de tiempo y recursos en una causa perdida. Sin embargo, si dejamos claro al alumnado que en clase los errores no les restarán nota sino que servirán para que el grupo mejore y aprenda, la actitud de la clase puede cambiar radicalmente.

Les faltan horas de sueño

Numerosos estudios indican que los adolescentes tienden a necesitar más horas de sueño que los adultos, y aunque esta cantidad varia mucho entre individuos no es sorprendente que los hábitos para dormir cambien mucho desde la infancia hasta la juventud y luego la adultez.



Esta variación es producida por la hormona melatonina, la cual se genera en mayor cantidad conforme se va acercan la hora de dormir, pero esta aparición se retrasa más en el cerebro adolescente y es por esto que no se encuentran cansados hasta mucho más tarde. Ahora ya sabemos cómo es que los jóvenes aguantan toda la noche en vela, pero ¿no es cierto que luego no logran despertarse al llegar la mañana? Esto también es cierto y es en gran parte debido a que hemos estructurado nuestra sociedad entorno a los horarios, por lo que tanto si hemos dormido como si no debemos levantarnos a cierta hora, pero la realidad es que a muchos adolescentes les convendría tener un horario propio, un día de al menos 27 horas en lugar de 24.

Una vez más, nos encontramos ante una característica aparentemente negativa y ante la que no cabe más que resignarse. No obstante, precisamente por la importancia que tiene dormir lo suficiente debemos recalcarla a nuestros jóvenes, explicarles los efectos de un buen sueño en nuestro cuerpo y mente, ayudarles en la medida en que podamos, dándoles consejos sobre relajación y recomendando hábitos que favorezcan el descanso, indicando que actividades nos activan más y cuales nos relajan antes de la hora de acostarse.

 Acerca de la dificultad para interpretar las emociones

Una vez más, debido a que el córtex prefrontal se encuentra todavía en desarrollo, los adolescentes no pueden interpretar las emociones de la misma forma que lo harán cuando termine su crecimiento. En esta ocasión nuestro sistema nervioso delega funciones en el sistema límbico, que funciona de una forma más instintiva y menos racional, por lo que comete más errores en tareas socialmente complejas como esta y además puede reaccionar más intensamente de lo que debería.



Esta característica, quizás la más conocida de la población adolescente, no puede ser solucionada excepto esperando a que termine el desarrollo del menor. Lo recomendable es la paciencia y tener claro que aunque a veces parezcan adultos y quieran ser tratados como tales, en realidad no lo son. Puede ser útil mientras tanto el entrenamiento en metacognición o pensamiento crítico, incluyendo aquí la inteligencia emocional, buscando con ello no solucionar problemas inmediatos sino formar al adulto del futuro.

Falta de autocontrol

Otra característica bien conocida es la dificultad para controlar sus impulsos, diciendo y haciendo lo que piensan sin más, al menos si los comparamos con la población adulta. Este tipo de conductas aparecen sobre todo cuando se encuentran en tensión, y tienen su origen tanto en la falta de desarrollo en la corteza cerebral como en la mayor necesidad de los jóvenes de encontrar estímulos novedosos y recompensas más inmediatas.

El autocontrol se puede entrenar, pero ya adelantamos que debido a las limitaciones neurológicas es complicado. Una buena idea es hablar con los jóvenes en cuestión acerca de que elementos les distraen y alteran, para luego buscar de forma conjunta como limitar su efecto, siempre dentro de nuestras posibilidades.

En conclusión

Todo lo dicho pretende ser una ayuda para padres y profesores pero por supuesto no se trata de una guía extensa ni de métodos infalibles. La realidad es que ser adolescente es duro, pues hablamos de una época de nuestra vida en que nos enfrentamos a algunos de los mayores retos que deberemos afrontar, tendremos que tomar decisiones que nos marcan para siempre y todo ello cuando nuestra mente aún no ha terminado de desarrollarse.

A los adolescentes se les pide que se comporten como adultos, que entiendan todos los retos y tareas que mencionábamos, pero no siempre vamos a conseguir que entiendan la importancia de estos eventos. Resulta de vital importancia que padres y profesores se impliquen e intenten ayudarles en lo que puedan, guiándoles a través de estos años difíciles para que cuando sean adultos logren sus metas y no tengan que echar la vista atrás y lamentarse de lo que hicieron o lo que no.

Fuentes:
A Social Neuroscience Perspective on Adolescent Risk-Taking
The mysterious workings of the adolescent brain
National Sleep Foundation
Sleep your way to success
The stimuli drive the response: an fMRI study of youth processing adult or child emotional face stimuli.
Inside the teenage brain
The Teenage Brain: Self Control

martes, 13 de diciembre de 2016

Psicología Pop: La caja de Skinner en Perdidos

Una tendencia muy de moda hoy en día es intentar analizar personajes y situaciones de la cultura Pop usando la psicología, pero es una moda en cierta manera peligrosa. Estos análisis tienden a ser superficiales pero luego suelen ser presentados como algo serio, llegando normalmente a un diagnóstico que la mayoría de las veces en realidad es imposible y poco acertado.

La verdad es que un diagnóstico requiere tiempo, paciencia y acceso directo al evaluado, con el que el especialista hablará en varias ocasiones y con el que usará cuestionarios y test psicométricos. Así pues, cuando realizamos estas parodias de evaluaciones con personajes ficticios de un libro o película no se puede llegar a una conclusión con fundamento. Por ejemplo de Darth Vader he oído de todo: Trastorno de personalidad límite, Prosopagnosia, etc.

No quisiera que se me malinterpretase, no estoy totalmente en contra de este uso del saber psicológico, pero la nuestra es una disciplina a la que por varias razones le ha costado mucho ganarse su credibilidad y es por ello que no me gusta verla en riesgo. Creo no obstante que los eventos y personajes ficticios pueden ser usados para ilustrar los diversos fenómenos psicológicos, siempre y cuando se deje bien claro que lo que se está explicando es un ejemplo y no un diagnóstico certero y real.

Una vez explicado esto quisiera hablar hoy de las Cajas de Skinner o Cámaras de Condicionamiento Operante, un instrumento de investigación inventado por BF Skinner, célebérrimo psicólogo que le da nombre. Estas cajas se usan para estudiar el comportamiento de un animal y como este aprende. Dentro de la caja hay al menos un mecanismo que permite al animal adquirir un estímulo positivo, generalmente comida, cuando lo acciona. La idea es que con cada repetición de la acción que activa el mecanismo el animal aprende mejor que esto le da acceso a la comida, por lo que con cada repetición de la situación realizará dicha acción más rápidamente, hasta llegar a un punto en que lo hará casi al instante.

Existen muchos ejemplos de estas cajas pero estoy seguro de que muchos lectores la vieron en una serie muy famosa si saber de que se trataba exactamente. Hablo de Perdidos (Lost), donde pudimos al pobre Sawyer encerrado en una gigantesca Caja de Skinner.

En este caso una jaula de Skinner

En este caso la "caja" era usada como celda para el pobre Sawyer, pero en el pasado había sido usada para la investigación con osos polares y es por ello que aún tiene en su interior los mecanismos, en este caso bastante complejos. Para obtener el alimento los pobres osos debían tener pulsado un pedal, luego presionar un botón y por último una palanca.

El susodicho botón

Lamentablemente para el pobre Sawyer, lo que obtiene no es comida humana si no pienso y galletas para los osos.

Que la disfrutes

Hay que decir que en la realidad Skinner nunca aplicó este tipo de experimentos con humanos, ni con animales tan grandes, usando normalmente palomas, ratones, gatos o similares. No obstante existen ciertas leyendas que dicen que sí uso este instrumento en su propia hija, de las que seguro hablaré otro día. Espero que os haya gustado el ejemplo, os dejo el vídeo entero por si queréis ver la caja en funcionamiento,


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Profecías autocumplidas o el poder del Efecto Pigmalión

No es raro que los padres o los profesores mencionen que a cierto niño "le gusta / le cuestan las matemáticas", "le gusta / no le gusta mucho leer" o incluso calificarlo despectivamente con frases como "es un trasto, siempre está metiéndose en líos, es un vago, etc."

Estas aseveraciones se dan en casi todos los casos, sean positivas o negativas. Y es que todos los niños, así como todos los adultos, causan una primera impresión y se ganan una fama con sus actos. Todo esto, que parece una práctica de lo más natural, adquiere tintes cuasi-premonitorios cuando oímos hablar de las llamadas profecías autocumplidas.

La teoría de la Profecía Autocumplida nos habla de cómo las creencias sobre un individuo concreto pueden acabar volviéndose realidad aunque en principio no lo fueran necesariamente, ya que esa persona adaptará sus conductas aún sin darse cuenta para que sean coherentes con dichas creencias.

Este efecto es la base por la cual "funcionan" los horóscopos, y cuando decimos funcionar estamos siendo generosos, claro. Pero el caso es que si realmente creemos que por naturaleza somos impetuosos y vivarachos, actuaremos de esa forma pues "sabemos" que somos así. Otro ejemplo similar es el del pueblo Ashanti de Ghana, una cultura en que una parte del nombre de cada niño viene determinado por el día de la semana en que nace, siendo esta terminación la que indica a los padres la personalidad que el infante desarrollará. Ambos casos han sido estudiados y se ha comprobado que existe una influencia real de lo que se espera del individuo en su futuro comportamiento.

Por supuesto las profecías autocumplidas, también llamadas Efecto Pigmalión, nos afectan en más ámbitos de lo que en un principio podríamos suponer. No es raro por ejemplo que los profesores intuyan que ciertos alumnos obtendrán mejores resultados en los exámenes y que sea justo eso lo que suceda. La clave en este caso es el trato diferente que se da a cada alumno y el efecto que esto tiene en su motivación. Con esto en mente podemos concluir que lo peor que le podemos hacer a un niño es decirle directa o indirectamente que no podrá ser lograr tal o cual cosa, ya que hasta cierto punto somos nosotros mismos quienes le estamos condenando al fracaso.

El efecto Pigmalión toma su nombre del la leyenda griega que narra como un escultor llamado Pigmalión se enamora de su propia creación y esta se convierte justamente en la humana que él había imaginado.

Este fenómeno está estrechamente relacionado con la indefensión aprendida, ya que el individuo aprende que no puede lograr una meta y por tanto lo mejor es ahorrar energías y no intentarlo. Si nadie cree en nosotros ¿para qué vamos a esforzarnos? Al fin y al cabo si todos dicen que no podemos lograrlo, es muy probable que lleven razón.

Librarse del efecto Pigmalión es casi imposible, aunque una vez somos conscientes de que existe podemos mitigar sus efectos cuestionándonos si lo que dicen de nosotros o lo que pensamos de los demás es cierto o no y que pruebas tenemos de ello. La mente humana opera con mecanismos extremadamente complejos y es capaz de lograr auténticas proezas pero también del autosabotaje más terrible. A veces lo hace de forma tan sutil que nos resulta extraño oír como se desarrollan algunos fenómenos mentales, y este es quizás el caso de las profecías autocumplidas. Si has leído todo lo anterior, puede parecerte contraintuitivo e incluso una falacia, pero el caso es que el efecto Pigmalión existe y rodea nuestra sociedad, influyendo en la vida de todos los individuos que la componen.

Si queremos que quienes nos rodean logren sus metas y triunfen, tenemos que dejarles claro que pueden con ello. Si se lo hacemos saber, serán más proclives a adoptar conductas coherentes con estas creencias. Especialmente importante es el caso de los más pequeños, pues es en la infancia y juventud cuando se forman nuestra personalidad y forma de ver la vida. Los padres y los profesionales deberían ser todavía más conscientes de esto y actuar en consecuencia, para así intentar siempre que nuestros jóvenes puedan aprovechar al máximo su potencial.

Si como profesores detectamos un niño/a desmotivado, deberemos intentar hacerle saber que puede lograr mucho más de lo que cree. Cada uno tiene sus propias limitaciones pero resulta totalmente contraproducente agravar la situación creando limitaciones adicionales de forma artificiosa. Si en cambio somos padres y nuestro hijo/a vuelve de clase alicaído por los resultados que obtiene, debemos darle ánimos y ayudarle a ver que cualquiera puede tener un mal día o incluso una mala racha, y que con esfuerzo puede lograrlo. También puede resultar muy beneficioso hablar con el profesorado si vemos que nuestro hijo se ha ganado una mala fama injustificada, por ejemplo de vago, de nervioso y agitador, poco atento, revoltoso, etc.

Y si todo esto falla, siempre podemos hablar con el propio niño y ayudarle a ver que la forma en que nos ven los demás no debe determinar cómo nos comportemos luego.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Abuso de menores: Todo lo que deberíamos saber.

Hablar del abuso a menores siempre es algo delicado, ya que se trata de un asunto en extremo complejo donde intervienen multitud de variantes. Esta complejidad y el hecho de que hasta hace poco era un tema tabú para la sociedad, propicia que exista actualmente una peligrosa mezcla de desconocimiento y alarma social, lo que a su vez facilita la aparición de multitud de mitos o falsas creencias que confunden más que ayudan a entender y prevenir este problema. Será necesario pues, hacer llegar la información a todo aquel que la busque. Empezamos por lo básico.

No es raro que se compare a este tipo de abusadores con los violadores de personas adultas, pero de hecho existen muchas diferencias en las formas de actuar y de ser de unos y otros. Los abusadores por ejemplo, son individuos aparentemente mejor integrados en la sociedad, siendo menos evidente que se trata de personas con severos problemas personales. Así mismo, no suelen ser delincuentes habituales, en el sentido de que no tienden a cometer otros tipos de delitos como lo pueden ser los robos y por tanto muchas veces consiguen evitar la encarcelación, los registros policiales y el control judicial. En el caso de los violadores de personas adultas sucede lo contrario, tendiendo estos a ser individuos poco integrados socialmente y a cometer delitos habitualmente, como robos u homicidios.

Incluso dentro de los agresores sexuales de menores podemos encontrar diversos tipos, siendo una de dichas calsificaciones la que distingue entre abusos sexuales simples y la explotación infantil que es una modalidad aún más grave si cabe. En este segundo caso se incluyen aquellas acciones que fuerzan al menor a realizar conductas sexuales con adultos pero por un motivo económico.

También sería conveniente distinguir entre los abusadores sexuales de menores tal cual y los pedófilos. Los primeros pueden verse atraídos normalmente por menores o no, pero de todas formas han cometido el abuso. Los segundos en cambio sí sienten esta atracción habitualmente, aunque esta no tiene porqué expresarse sí o sí en la realidad, pudiendo permanecer toda la vida en el ámbito de las fantasías. Así pues, un pedófilo puede ser abusador o no, y así mismo un abusador puede o no ser pedófilo.



Y ahora que ya hemos comentado lo básico, volvamos al tema de las falsas creencias que antes he comentado. Algunas de las más extendidas son las siguientes:
  • Los abusos sexuales en la infancia son algo poco frecuente: Falso, ya que se calcula que una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres han sufrido abusos sexuales durante su infancia. Como vemos, esto no es precisamente algo que suceda "poco frecuentemente".
  • Muchas de testimonios de los menores son mentira: Totalmente falso, ya que las denuncias falsas son menos del 10%, por lo que de cada diez niños que declaren solo uno lo hará en falso, posiblemente influenciado por algún otro adulto que pueda beneficiarse de la situación.
  • Actualmente suceden más casos de este tipo que antaño, siendo este un síntoma de la corrupción moral de la sociedad actual: Falso, ya que si bien es cierto que es desde hace poco que se han empezado a estudiar en profundidad y combatir este tipo de conductas, esto no quiere decir que antes no sucedieran sino que se ocultaban, se encubrían y no se denunciaban.
  • Si se da uno de estos abusos en nuestro entorno, nos daremos cuenta: Lamentablemente suele ser falso, al menos en el mismo momento en que ocurren. La mayoría de abusos se dan en el propio entorno familiar o en todo en un entorno habitual del menor, facilitando esto la ocultación del abuso. Aún así, hasta 3 de cada 10 casos de abuso son cometidos por desconocidos.
  • Las víctimas casi siempre son niñas: Es cierto, pero no a los niveles que muchos suponen ya que en realidad un 40% de las víctimas son niños, casi la mitad.
  • Los abusadores de menores están "locos": Aunque psicológicamente hablando la palabra "loco" no significa nada, pero la mayoría de estos abusadores son individuos aparentemente normales, de inteligencia normal y que no necesariamente sufren psicopatologías que afecten su percepción de la realidad, siendo por tanto conscientes de sus actos. Aún así hay que matizar que es cierto que muchos de estos sujetos tienen una visión sesgada de la sexualidad y de como afectan sus actos a los menores.
  • Los abusos a menores se cometen por la fuerza: Falso, ya que en su mayoría los abusadores usan otros medios, como chantaje emocional, abuso de confianza, engaños, amenazas y trucos.
  • Estos casos se dan solo en los estratos sociales económica o culturalmente empobrecidos: Falso, ya que podemos encontrar casos en cualquier tipo de familias o grupos sociales.
  • A veces son los propios menores los responsables de los abusos: Este no hay por donde cogerlo, siendo en realidad la responsabilidad siempre del agresor. Pongamos un ejemplo complicado, como un menor de quince años que tiene relaciones de algún tipo con una persona de un edad bastante superior. Incluso en un caso como este el único que legalmente tiene una responsabilidad pues se le supone un mayor conocimiento de la situación, es el adulto. No hablemos ya de casos más prototípicos donde la víctima tiene aún menos edad.
  • El menor podría evitar la situación: Verdad a medias, ya que la mayoría de niños son o muy pequeños para entender lo que sucede o bien no poseen información adecuada para reaccionar velozmente. Si tenemos niños a nuestro cargo es buena idea prevenirlos sin asustarlos pero proveyéndoles de información útil al respecto, para que así puedan evitarlo realmente llegado el hipotético momento.
  • Los efectos en la víctima serán muy graves: Sí, merece la pena explicar que la gravedad de los efectos a largo plazo depende de muchos factores, como la detección prematura, la edad de la víctima y la actitud de la familia ante los abusos.

sábado, 22 de octubre de 2016

"Tigre, Tigre" o El punto de vista de la víctima de un pederasta

Hoy os traigo una crítica literaria, sobre un libro que me parece como poco interesante y que trata un tema sobre el que hay pocas novelas, o al menos pocas que hablen sobre ello de una forma realista sin dejar de ser interesante. Hablamos de Tigre, Tigre.

Un día Margaux Fragoso, autor y a la vez protagonista (pues se trata de una autobiografía) conoció a Peter Curran, un hombre que condicionaría en buena parte su futuro. En aquel entonces ella tenía solo 7 años, pero él había pasado ya de los 50. A partir de este primer encuentro, la autor nos acompaña por sus recuerdos y nos ayudará a entender como consiguió este hombre encandilarla, convirtiéndose en una extraña mezcla de amigo, figura paternal y eventualmente compañero sexual. Digo compañero a falta de un término mejor, pues resulta evidente que las acciones del hombre van desde un principio encaminadas a ganarse la confianza de la niña y poder luego abusar de ella sin que esta se de cuenta de lo perverso de la situación.

Seguro que muchos nos hemos sentido estupefactos cuando alguna vez hemos visto en las noticias o en el periódico algún suceso relacionado con esta temática. Estupefactos digo porque hay veces que los abusos se cometen contra menores de edad relativamente avanzada (adolescentes) o bien se perpetran durante varios años y en ambos casos nos puede resultar difícil imaginar como es que ni los adultos que tenían a estos menores a su cargo, ni los menores mismos pudieron darse cuenta de que algo extraño pasaba.

Visto desde fuera es cierto que a veces parece increíble que cosas como esta puedan pasar a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta pero la realidad, la triste realidad, es que suceden con relativa frecuencia. Y por eso me parece tan interesante Tigre, Tigre, pues al estar narrado por la propia víctima, Fragoso consigue explicar muy bien como se desarrolló todo en su caso particular. Veremos pues como Curran se introducirá en su vida de forma insidiosa hasta afectar su vida, su desarrollo, su personalidad e incluso su futuro. Años de abuso la transforman de una niña normal a una joven con tendencias suicidas, que se recrimina por algo que nunca fue en realidad culpa suya.

Estas páginas nos ayudarán a entender, desde un punto de vista no académico, no solo las emociones y distorsiones del pensamiento que sufre una víctima de abusos infantiles sino también como actúa y porqué el abusador. Y descuida, esta historia no es solo drama, pues también veremos como la joven cargada de traumas logra superarlos y convertirse finalmente en la autora que nos cuenta su propia historia. Una historia cruel y dura, pero sin caer por ello en la autocompasión y sin tener que mirar atrás necesariamente.

Si os interesa, lo podéis encontrar en amazon en su formato digital por 7'59 y en tapa blanda por 19 euros.

jueves, 20 de octubre de 2016

El origen del carisma

Todos conocemos alguna persona con carisma. Personas que poseen una personalidad magnética, que cuando hablan son escuchados por todos, que cuando plantean un plan suelen ser seguidos por el resto del grupo, y que siempre parecen tener una respuesta coherente preparado para todo. En definitiva son gente que casi nunca queda mal ante los demás y que por el contrario tienden a ser líderes de opinión. Pero, ¿por qué? ¿Qué hace que estos individuos sean como son?

Lo que a continuación os cuento es una de estas investigaciones que una vez las lees lo primero que piensas es "claro, es de sentido común", pero tras años en esto de la psicología (y la ciencia en general) uno aprende que el sentido común solo acierta el 50% de las veces una vez nos ponemos a comprobar las hipótesis mediante el método científico.



Aún así, me gustaría explicar que de todos los factores que provocan que percibamos a una persona como carismática parece ser que el más predominante es la capacidad de pensar rápido. Según un estudio publicado en la revista Psychological Science, realizado por científicos de la Universidad de Queensland (Australia) las personas que son capaces de responder rápidamente a preguntas de carácter general y realizar veloz y efectivamente las tareas impuestas tienden a ser percibidas como más carismáticas por sus conocidos, independientemente de su inteligencia general u otros rasgos de personalidad que puedan mostrar.

Entendemos pues que los humanos, sin un método fiable y rápido para comprobar la inteligencia de un sujeto, valoramos a los demás en base a la rapidez de sus respuestas siempre y cuando estas sean adecuadas al contexto y acertadas. Conviene recordar el concepto de inteligencia social, la cual se entiende como la capacidad de saber como actuar en cada contexto social y en cada situación. Dicha inteligencia se compone de la capacidad de responder adecuadamente pero también de la rapidez mental o velocidad con que emitimos dichas respuestas. así pues las personas con más carisma son aquellas percibidas como inteligentes socialmente.

Para determinar si esta relación existía se contó con 417 participantes a los que se realizó pruebas de inteligencia y personalidad. Además se les pidió que respondieran varias preguntas de conocimiento general lo más rápido posible, y luego también lo más velozmente que pudieran tenían que realizar tareas visuales (localizar un punto o patrón determinados). Por último, para medir como de carismáticos eran percibidos por sus conocidos, se les pidió a amigos y familiares que los evaluaran en este aspecto y otros relacionados.

Los resultados nos muestran que como decía, el sentido común en cuanto a las cuestiones psicológicas solo acierta a medias. En este caso vemos que efectivamente es la velocidad mental el factor que más ayuda a predecir que una persona nos parezca carismática, pero no deja de ser curioso que el nivel de inteligencia general o cociente intelectual no es tan importante para realizar dicha predicción. Por así decirlo, no nos importa que alguien sea inteligente, nos importa que nos pueda responder rápido a nuestra preguntas, siempre y cuando sus respuestas sean (o parezcan) acertadas.

Vale la pena destacar también que otras capacidades como las habilidades sociales concretas, la resolución de conflictos o la empatía, no son factores importantes del carisma. Por otra parte hay que tener en cuenta que aún queda comprobar si todo lo dicho se aplica a cualquier sujeto independientemente del nivel de relación que tengamos con ellos o solo se cumple cuando hablamos de personas que conocemos previamente (amigos, familia, etc).


Por lo tanto, si queremos mostrarnos más carismáticos, lo que debemos hacer es no titubear cuando somos conscientes de que sabemos la respuesta a una pregunta y contestarla al momento, de forma clara y concisa.

martes, 11 de octubre de 2016

7 Juegos para ejercitar la mente junto a los pequeños de la casa (I)

Los padres y madres de hoy en día se mueven siempre entre dos tierras. Por una parte, querríamos poder pasar más tiempo con los pequeños de la casa y encontrar actividades de ocio que tanto ellos como nosotros disfrutásemos, pero por otra parte tenemos la responsabilidad de hacer que los niños aprovechen su tiempo y no se pasen el día haciendo cosas de poco provecho. Una buena forma de cumplir ambos objetivos es el uso de juegos que sepamos que cumplen varias condiciones:
  1. Ser divertidos tanto para los niños como para los adultos.
  2. Ser asequibles, es decir que no sean excesivamente complejos y que por tanto sea fácil aprenderse sus reglas.
  3. Ser educativos o bien que fomenten y refuercen las capacidades cognitivas.
A continuación os presento algunos juegos que cumplen esos requisitos.

Jungle Speed

Se trata de un juego de cartas recomendado para edades de siete en adelante, aunque ya os adelanto que es muy disfrutable a todas las edades. Las reglas son sencillas, consistiendo en un tótem de madera que se coloca a la misma distancia de todos los jugadores y en una baraja de cartas que se reparte entre todos. El objetivo es deshacerse de todas las cartas pero solo lo conseguiremos cuando en la mesa aparezcan dos cartas iguales y una de ellas sea nuestra. La cosa no acaba aquí pues en ese caso tocará coger el tótem antes que el rival.

Por supuesto, esto no será sencillo pues las cartas son muy similares entre si por lo que entre las prisas y su semejanza acabaremos dudando unos instantes que nuestro rival podrá usar para adelantársenos. Por todo ello se trata de un juego que ayuda a entrenar los reflejos, la atención, la capacidad de respuesta y el reconocimiento de patrones.

El ritmo frenético hace que el juego resulte muy entretenido y mejore cuanto más ganas le pongamos. Además las partidas son cortas y ocupa poco espacio así que es una buena opción para llevarlo con nosotros en los viajes.

Cuesta unos 20€ y existe una expansión que lo complica aún más si queremos, así como una versión infantil.


Apto para daltónicos

Dobble

Se trata de un juego al que pueden jugar hasta lo más pequeños aunque la edad recomendada es a partir de los seis años. Se compone de varias pruebas cuyo tema central es encontrar un objeto entre las cartas en juego. 



Una vez más, la capacidad de observación y los reflejos son fundamentales pero ahora también tendremos que hacer uso de nuestra memoria. Aunque se trata de un juego simple, engancha bastante y obliga a los jugadores a hacer un buen uso de sus facultades mentales.

PVP: 15€, aunque existe una versión simplificada para niños que solamente cuesta 11'40€


Jenga

El archiconocido Jenga. Consiste en una torre de piezas rectangulares de madera que hay que ir extrayendo poco a poco sin desestabilizar la estructura, perdiendo quién cometa un error y la derribe. Lógicamente, al jugar ejercitamos la coordinación psicomotriz y la siempre importante paciencia.

PVP: Alrededor de 15€ pero al ser un juego tan conocido y con tantos años existen multitud de modelos de diversas marcas, algunos realmente económicos.


Mikado

También conocido como palitos chinos. Otro juego bastante conocido y de gran antigüedad. Consiste en un puñado de palillos de madera u otro material, los cuales son dispuestos desordenadamente unos encima de otros formando un montón. El objetivo es retirar cuantos más palos mejor pero solo uno cada vez y sin mover el resto. Se trata de una operación complicada que exige, al igual que Jenga, concentración, paciencia y coordinación ojo-mano.

Siendo un juego con tanta tradición podemos encontrar infinidad de marcas que lo comercializan y muchas lo hacen a precio de ganga.

 Además ocupa poco espacio y por tanto es buena opción para llevárselo de viaje, siempre que sepamos que vamos a disponer de una superficie estable donde poder jugar.

Las diferentes bandas de colores indican los puntos que otorga cada palillo.

Story Cubes

Se trata de un juego extremadamente simple que facilita el jugarlo en prácticamente cualquier momento y lugar, no requiriendo ninguna preparación previa. Consta de nueve dados con imágenes en vez de números los cuales nos sirven de guía para narrar una historia con esos elementos. En realidad no hay más reglas que esas y se puede jugar de varias formas con lo que el juego tiene aún más vidilla de lo que parece.

Puede ser jugado por niños de cualquier edad siendo la única diferencia el tipo de historias que van a ser narradas, pero por la propia naturaleza del juego esto no es limitación alguna. Es un juego que sirve sobre todo para fomentar la imaginación pero como hay varias formas de jugar podemos aprovecharlo con otra idea en mente. Por ejemplo si nos interesa que el niño/a mejore su atención podemos idear una forma de juego en que en cualquier momento cualquier jugador puede convertirse en el narrador y tener que continuar la historia. Si lo que nos interesa es la cooperación podemos jugar narrando la historia de forma conjunta. Así mismo podemos narrar nosotros mismos relatos que promuevan los valores que consideremos oportunos.



PVP: 10€, existiendo además varias expansiones que añaden dados con más conceptos como animales o acciones.

Math Dice Jr

Aunque a muchos nos duela, es una realidad que para muchos niños las matemáticas son la asignatura más aborrecible de todas. En parte es porque en clase se tiende a presentar su faceta más anodina y una buena forma de compensarlo es mediante juegos matemáticos como este.

Se trata de otro juego de dados, esta vez numéricos y de distinta cantidad de caras, que lanzaremos para posteriormente obtener un número concreto mediante operaciones de suma y resta. El juego se puede complicar mucho, dependiendo de la edad y capacidad de los jugadores aunque el fabricante lo recomienda para edades de seis en adelante.

Naturalmente, es un juego ideal para entrenar la capacidad matemática y la agilidad mental, de una forma entretenida y que puede agradar a niños y adultos.




Time's up!

En realidad se trata del famoso juego de adivinar la película/personaje/etc pero refinado y comercializado. El objetivo es averiguar varios personajes en un máximo de treinta segundos a lo largo de tres rondas, cada una regida por unas reglas distintas.

Este juego, aunque simple, exige estar atentos y ser capaces de trabajar en equipo. Además, se puede modificar para incluir personajes históricos que aparezcan en la materia que los pequeños y no tan pequeños tengan que estudiar.

Existen varias versiones con diferente temática, incluida una para niños que puede ser jugada a partir de los cuatro años.


Existe una versión pensada para toda la familia por 22€.

  

Estos son solo algunos, pero existen muchísimos más aunque hablaremos de ellos otro día.
Si queréis haceros con alguno de los juegos comentados y os encontráis en Xátiva o cercanías, podéis acercaros a Manhattan Cómics en la calle Pintor Perales 6, donde los encontrareis todos.

sábado, 8 de octubre de 2016

El TDA-H y la esperanza de vida

El trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad) conocido comúnmente como TDA-H es por así decirlo, un trastorno "de moda". Con el paso de los años vamos conociendo cada vez mejor cómo funciona, qué lo causa y cómo puede tratarse. No es para menos, pues se calcula que afecta alrededor de un 10% de los menores en edad de estudiar, aunque puede también ser diagnosticado en la edad adulta. Si nunca has oído hablar del TDA-H has de saber que consiste en dificultades para focalizar la atención, impulsividad y en su variedad más compleja, conducta hiperactiva. Quienes lo padecen o conocen a alguien con este diagnóstico saben que todo ello puede afectar tanto a nivel académico como social.

Por una vez, me gustaría dejar de lado el aspecto más académico, y también el social, que son los más conocidos para en su lugar hablar de la salud física. Digo esto por que los últimos estudios al respecto parecen indicar que los sujetos con TDA-H sufren un riesgo estadísticamente mayor que la media en cuanto a padecer una muerte prematura. La explicación tras este fenómeno sería la mayor tendencia a sufrir accidentes debido a la falta de atención.

Por otra parte, otro dato interesante es que son aquellos individuos que fueron diagnosticados en la edad adulta los que sufren más este riesgo, debido esto a que para los adultos es más difícil aprender a compensar estas carencias atencionales si no lo hicieron de pequeños. En concreto, los individuos diagnosticados a partir de los 18 años tienen hasta 4 veces más riesgo de muerte prematura. Este riesgo disminuye sensiblemente cuando el diagnóstico se realiza acertadamente durante la infancia. El riesgo también es mayor en mujeres que en hombre, aunque aun queda por determinar el significado de esta diferencia.


También hay que tener en cuenta que el TDA-H tiende a la comorbilidad con varios otros trastornos, y cuando confluyen en un mismo sujeto el riesgo aumenta notablemente.

Por supuesto, para evitar este peligro no vale solo con emitir un diagnóstico, es necesario también un tratamiento que resulte efectivo, ya sea mediante fármacos, psicoterapia o una combinación de ambos, según sea el caso.

Por tanto, el TDAH puede llegar a alterar mucho la vida del paciente por lo que será necesario, con tal de que este impacto sea mínimo en todos los ámbitos, que se evalúe el problema en cuanto se tenga alguna sospecha. En caso de diagnosticarse déficit de atención deberá empezarse el tratamiento cuanto antes, el cual deberá tener siempre por prioridad normalizar la vida del paciente para que este pueda seguir con su día a día.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Como ayudar a nuestros hijos a estudiar mejor

Todos los padres y madres quieren (o deberían querer al menos) que sus hijos saquen buenas notas, y todos sabemos que las buenas notas se consiguen cuando nos esforzamos al estudiar. No obstante los hijos no siempre ven esto de igual manera que sus padres y puede ocurrir que no tengan interés en mejorar sus notas. En este caso el problema no sería por falta de capacidad sino por falta de motivación.

Cada niño/a es diferente. Algunos atienden en clase y hacen los deberes todos los días, y esto suele ser porque si que poseen la motivación necesaria, pero a veces eso tampoco es suficiente y las notas no reflejan estos esfuerzos. En este caso puede deberse a que las técnicas para estudiar que emplea no son las más eficientes o apropiadas para él/ella.

Veamos pues como enfrentar estos dos problemas. Empezando por el asunto de la motivación, me veo en la obligación de empezar con un consejo tan básico que muchos me dirán que para decir eso no hace falta ser psicólogo, pero que en cambio son muchos (demasiados) los progenitores que no lo aplican. Hablo de predicar desde el ejemplo, o en este caso, motivar desde el ejemplo. Si los padres no muestran y demuestran que les importa lo que al niño le sucede en la escuela, este perderá rápidamente el interés por la misma. No se trata solamente de decir que la escuela es importante, hay que tener un interés real y pedirle al niño (o adolescente) que nos cuente que va sucediendo en este entorno, como enfrenta los problemas y nosotros a cambio escucharemos atentos.

Este interés debe ser mostrado desde el primer día y hasta el último de su escolarización. Dicha implicación no quiere decir estar pendientes de todo lo que hacen, solucionar todos sus problemas y hacerles los deberes para que así mejoren sus notas, sino darles apoyo y procurar generarles interés en lo que estudian. Si nos implicamos en su vida académica y nos esforzamos para hacerles ver lo más interesante de cada materia lograremos la llamada motivación intrínseca (que viene de uno mismo) por lo que será menos necesaria la extrínseca (la que viene de fuera del individuo, como puede ser un premio).

Esta motivación aumenta cuando el niño percibe que sus esfuerzos se traducen en avances reales, pero dicha percepción no siempre es tan evidente por lo que los progenitores deberían mostrarse orgullosos y hacerle entender al menor cuando este ha logrado una meta. Si el niño ve como avanza día tras día tendrá motivos para seguir esforzándose y por ello es bastante importante que intentemos estar presentes cuando realizan sus tareas o estudian, ya que así podremos animarles durante el proceso.

Todo lo dicho, aunque parecen consejos bastante simples, se traducen a la larga en un increíble beneficio para los menores. Pensemos en los típicos adolescentes que no parecen tener motivación ninguna en cuanto a su vida académica. Esto normalmente sucede cuando el individuo no ha conseguido motivación a lo largo de su infancia, ya que Primaria apenas exige esfuerzo en comparación con la ESO y el Bachiller. Por eso dicha falta de motivación y/o los malos hábitos de estudio muestran sus peores efectos cuando se llega a este edad.

Como vemos, no resulta exagerado decir que no pocas veces el fracaso (y el éxito) escolar de los niños viene determinado por la actitud y empeño de los padres, de la implicación de estos en la vida escolar, y por supuesto de su estilo parental y educativo.

Otro consejo que deberían seguir todos los padres y madres pero no siempre se hace es implicarse en el medio escolar, esto es, conocer a los maestros y profesores, así como acudir a las reuniones y citas personales para así mejorar la comunicación entre los dos mayores referentes que el/la menor posee y aumentar la efectividad de las actuaciones de ambos.

Por cierto, hace un momento mencionábamos el estilo parental, así que mejor explicar brevemente a que nos referimos con ello. El estilo parental es lo que diferencia al padre que castiga a su hijo o incluso le golpea de otro que razona con él y le anima a mejorar. Sin entrar en detalles respecto a este concepto y centrándonos en el tema que nos ocupa, hay que encontrar la mejor forma de tratar a nuestro hijo. Si ha estudiado y se ha mantenido constante sus probabilidades de sacar una nota baja serán menores, pero aún así se podría dar el caso. ¿Qué hacemos entonces? Si sabemos que realmente se esforzó deberíamos tener esto en cuenta y animarle a seguir, analizar porqué suspendió y como podemos evitar que esto se repita. En todo caso, es muy importante que nuestros hijos sepan que confiamos en ellos y para ello habremos de tener en cuenta que lo que para nosotros puede ser relativamente insignificante para ellos puede ser en cambio muy importante.

Para mostrar dicho orgullo es conveniente decirlo sin tapujos, tanto si logran el éxito como si fracasan en un objetivo concreto. No todos los niños pueden ser quién saca mejores notas en la clase pero debemos centrarnos en las mejoras que presentan día tras día y decírselo sin crearles metas demasiado exigentes para sus posibilidades, pues si perciben que fracasan continuamente solo conseguiremos frustrarles.

Por otra parte, mencionábamos también la importancia de las técnicas de estudio. Este concepto engloba detalles como el lugar en que se trabaja, que debe ser cómodo y agradable para el menor, y que tenga todos los materiales necesarios al alcance para que no sea necesario interrumpir la tarea cada vez. Otro aspecto relevante sería la rutina de trabajo, un horario diario que cree un hábito. La fuerza de la costumbre hará que el menor distinga cuando es momento de divertirse y cuando es momento de trabajar. La mayoría de niños cuando están en clase no se comportan igual que cuando están en el parque y esto se debe precisamente a que están acostumbrados a que se espera de ellos en cada ocasión y que se les tiene permitido en cada contexto. Por tanto, y aunque la rutina debe ser diseñada por los padres en base a las actividades diarias del menor, deberá quedar claro que antes de marchar a jugar o a ver la tele hay que terminar el trabajo.

Por supuesto hay que evitar las distracciones por lo que mientras nuestro hija/a trabaja elementos que pueda desviar su atención como el televisor deben estar apagados, aunque fuéramos a ser los adultos los que viésemos la tele y además un programa que sepamos que no les interesa, ya que el audio e imágenes de fondo suponen igualmente una distracción. Por supuesto, ya que vivimos en el S.XXI, lo mismo se aplica a móviles, consolas, tablets y demás aparatos.

Por último, también hay que vigilar la actitud que el niño presenta ante un examen u otra prueba similar. Hay que evitar los nervios a toda costa, al menos cuando veamos que estos son demasiado intensos. La mayoría nos ponemos algo tensos al empezar una evaluación pero cuando dicha tensión pasa a perturbar al individuo entonces se convierte en un problema. Y si los adultos ya tienen problemas para controlar su ansiedad, imaginemos un niño. Puede llegar a quedar totalmente bloqueado y no realizar la prueba que se le pide, independientemente de que supiera las respuestas o no. Para evitar estas situaciones usaremos técnicas de relajación y respiración, le pediremos al niño que se imagine en el examen y que lo realice evitando entrar en pánico. En aquellos casos en que dicha ansiedad llega a ser preocupante quizás sea buena idea acudir a un psicólogo, pues los problemas de ansiedad se solucionan más fácilmente cuando aún no se han desarrollado del todo.

En casos más leves puede ayudar el enseñar a nuestro hijo a ser más organizado para que así no se le olvide realizar ninguna tarea, que tenga a mano los materiales necesarios y que llegue con tiempo a la prueba, para así tener la situación bajo control y evitar imprevistos que puedan alterarlo.

¿Tienes alguna duda? Deja un comentario o contáctame: http://prismapsicologico.blogspot.com.es/p/contacto.html

lunes, 19 de septiembre de 2016

Resumen semanal ¿qué hay de nuevo en psicología? - No hay dos sin tres

Por tercera semana os ofrezco los mejores consejos, artículos e investigaciones referentes al mundo de la psicología que me he encontrado durante la semana pasada:

Se publican en el BOE las bases para la próxima convocatoria del PIR.
La comunicación casi humana de los delfines.
La vuelta el cole, también para educación especial.

Y unos cuantos más pero en la lengua de Shakespeare:

Como afecta el estrés a las probabilidades de embarazo.
El Alzheimer, mucho más que perder la memoria.
Una posible explicación a la moda de los selfies.
Como los juegos de fantasía mejoran la imaginación de los pequeños.
Aprende a detectar cuando alguien tiene pensamientos suicidas.
Una divertida explicación sobre qué es la asexualidad.


Un último pensamiento, ya se que el inglés es el idioma de la ciencia pero aún así resulta abrumadora la cantidad de material que se publica en inglés en comparación con un modesto número de estudios en castellano u otros idiomas (aunque la mayoría son traducidos a la larga, eso si).

viernes, 16 de septiembre de 2016

Psicología y cáncer

Parece que la psicología está cada día más presente en todos los medios y ámbitos de nuestra vida, y ya no resulta en absoluto raro comprobar como cualquier problema puede ser analizado desde el prisma psicológico. Nuestra salud física no podía ser una excepción y eso incluye desde como nos afecta un resfriado hasta dolencias graves como lo es el cáncer, por poner un ejemplo.

Y ¿qué tiene que ver la psicología con el cáncer? La relación entre ambas estriba en las consecuencias psicológicas que suelen padecer los afectados de cáncer, siendo las más comunes la ansiedad y la depresión. Teniendo en cuenta que estos problemas son bastante comunes y que se estima que cada año se diagnostican más de 10 millones de nuevos casos de cáncer, la verdad es que nos encontramos ante una problemática que bien merece nuestra atención.

Como decía, no es nada extraño que las personas diagnosticadas de algún tipo de cáncer sufran de ansiedad tras el diagnóstico y durante el tratamiento. Para el lector seguramente no resulte difícil imaginar que la dureza del tratamiento y la incertidumbre de los resultados tienen mucho que ver en ello. Por motivos similares tampoco resulta raro que estos pacientes sufran de depresión.

Para minimizar los riesgos lo ideal es cuidar la manera en que se expone la información al paciente así como la cantidad de datos que se le facilitan. En ningún caso estará justificada la ocultación de información pero el trato humano ha de imperar en esos momentos tan difíciles. Lo más recomendable será facilitar a la persona toda la información que necesite, explicada de manera que le resulte fácil entenderla ya que no todos poseemos formación médica, y que además el médico encargado de comunicárselo esté preparado para su reacción pues puede ser muy variada.



Además, debemos entender que no solamente el enfermo es susceptible de sufrir consecuencias psicológicas, sino también lo son  los familiares y amistades cercanas a él/ella pues le acompañarán a los largo del proceso de diagnóstico y tratamiento. Tampoco sorprende ver casos donde se ve más afectada la familia que el enfermo en sí mismo, ya que como se vive dicha situación viene determinado en gran parte por la forma de ser de cada uno y del contexto social-familiar.
Por todo lo dicho es aconsejable que los afectados reciban apoyo psicológico, sobre todo si refieren sentir alguno de los síntomas mencionados.

Recibe apoyo psicológico especializado haciendo clic aquí.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El dinero ¿nos hace realmente felices?

Todos hemos oído aquello de que el dinero no da la felicidad. Otros prefieren añadir que no la da, pero que ayuda. El razonamiento tras esta segunda frase es que la solvencia económica permite comprar más cosas de modo que podremos satisfacer más nuestras necesidades y caprichos.

No obstante, también forma parte del imaginario colectivo la idea de que las grandes cantidades de dinero corrompen. A todos nos vienen a la mente personas que al poseer cierta cantidad de dinero no pueden resistir el impulso de comprar todo lo que les apetece.



Por supuesto, estas cuestiones han sido estudiadas en profundidad por los psicólogos durante años y los resultados indican que un elemento importante para ser felices es la seguridad económica, no la cantidad de dinero que se posee. Por tanto, una misma persona sería probablemente más feliz si tiene un sueldo estable que si su economía es variable.

En diversos estudios se demostró que la satisfacción percibida por los sujetos estaba más relacionada con dicha estabilidad que con la cantidad general ganada. Hay que tener en cuenta que cuando se sufre una gran pérdida económica la satisfacción se reduce, y en cambio aumenta cuando obtenemos ganancias que no esperábamos. Aún así, si tras esas ganancias no se mantiene una estabilidad, la satisfacción se vería reducida.

Por ello, para ser felices más que buscar aumentar nuestra riqueza, sería conveniente ser previsores con nuestros ingresos, evitando grandes gastos y la consecuente insatisfacción. Eso si, el factor económico no nos afecta a todos igual y la importancia que le demos al dinero determina estas diferencias. Si para nosotros el dinero es un aspecto fundamental de nuestra vida, lógicamente las pérdidas nos afectarán más a nivel emocional, aunque no supongan un gran impacto en nuestra economía global.

A pesar de todo lo dicho, es inevitable que tengamos gastos imprevistos, y en esos casos será especialmente importantes estar mentalizados y tener claro que el dinero no es más que un instrumento para cubrir nuestras necesidades, y que perder una parte de la ahorrado no es el fin del mundo.

jueves, 1 de septiembre de 2016

La escala Kinsey

Ayer mismo un amigo me preguntaba ciertas cuestiones acerca de casos concretos donde los términos identidad y orientación sexual pueden resultar un tanto difusos. Lógicamente, me vino a la cabeza la llamada escala de Kinsey, ideada por Alfred Kinsey y que apareció primero en el informe Kinsey (lo suyo no era poner nombres al parecer). Dicho informe tenía por objetivo esclarecer ciertos aspectos de la conducta sexual humana.



La escala diferencia entre siete grados distintos de un mismo espectro del comportamiento sexual, en concreto de la orientación sexual. Tradicionalmente se consideraban las orientaciones más conocidas (Heterosexual, homosexual y bisexual), así que ¿cuáles son las otras cuatro?

Registrando y analizando la historia sexual de diversos individuos se determinó que la orientación se mueve en grados, más que en categorías. Si restamos o añadimos puntos según dicho historial, cada individuo presentaba un grado, obteniendo cero puntos aquellos individuos completamente heterosexuales y seis quienes por el contrario eran considerados exclusivamente homosexuales. Las categorías intermedias representarían pues diferentes grados de tendencia hacia uno de estos dos polos, siendo la categorías intermedia la de bisexualidad. A este respecto Kinsey dijo:

"...la naturaleza raramente se enfrenta con categorías separadas... El mundo vivo es continuo en cada uno de sus aspectos. Mientras enfatizo la continuidad de los grados entre las historias sexuales de los exclusivamente heterosexuales y los exclusivamente homosexuales, ha parecido deseable revelar algunas clasificaciones que podrían estar basadas en multitud de experiencias heterosexuales y homosexuales combinadas... A un individuo le puede ser asignada una posición en esta escala, para cada periodo en su vida... Una escala de siete puntos está más cerca de mostrar los muchos grados que actualmente existen."

Vemos además como es aquí introducido el concepto de sexualidad fluida, es decir la idea de que la sexualidad no es necesariamente la misma para un mismo individuo en distintos momentos de la vida. Hay que tener en cuenta que además, años más tarde se añadiría la categoría asexual a las otras siete para representar así a aquellas personas que no presentan conducta sexual alguna.

Con el paso de los años, aunque han surgido muchas críticas contra esta escala y numerosas revisiones, añadiendo por ejemplo un mayor número de grados o contemplando otros tipos de sexualidad, no se puede negar en ningún caso la influencia que ha tenido y tiene, así como el mérito que supone el haber contemplado la sexualidad como un continuo y no como categorías cerradas y autoexcluyentes, así como una característica que puede cambiar con el tiempo y no como algo inamovible.